Somos iguales en dignidad

EDITORIAL

¿Cómo eliminar la gran pobreza sin reconocer ante todo como nuestros iguales en dignidad, a los que la padecen? Reconocerse como iguales, es comulgar con los sufrimientos excesivos generados por la miseria y que se amplían durante las catástrofes naturales tales como el Tsunami. Es comprender la fuerza y la grandeza de los actos cotidianos tales como el de Fabio quien, en el infierno de la caña de azucar, debe a la vez alimentar a su familia y seguir estudiando. Es comprometerse a que se conviertan estos actos ignorados en elementos esenciales en la construcción de un mundo fraterno y justo.

«Seguimos sintiéndonos muy pequeños ante tan inmensa pobreza» reconoce humildemente Gertrude K. de la República Democrática del Congo. «Creemos en la capacidad del pobre como agente de la vida nueva» confirma el fundador de la Organización San Vicente en Uruguay.

Dirigiéndose a los voluntarios permanentes de ATD Cuarto Mundo, el padre Joseph Wresinski les decía : «…Ser voluntario, no significa sólo estar a merced de los más pobres para aprender de ellos, a veces con mucho asombro… ser voluntario quiere decir que les considera-mos como si fueran nuestros hermanos. Sus hijos son nuestros hijos».

Esta es la diferencia entre aliviar la miseria y edificar nuestras sociedades a partir de los que están excluidos.

HUGUETTE REDEGELD, VICEPRESIDENTA

7 de febrero de 2006

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Carta a nuestros Amigos en el Mundo, no. 62, diciembre de 2005
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