Reunirse y vivir la paz a partir de los más pobres.

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Carta a nuestros amigos en el mundo N°68

El 17 de octubre de 2007, de un continente a otro, hombres y mujeres se han unido para dar la palabra a los más pobres y proclamar juntos la urgencia de reunirse y vivir la paz a partir de ellos y con ellos.

«¿Qué puedo contestarle a los jóvenes de mi país que quieren buscar en otro lugar un porvenir arriesgando sus vidas?»

Esta aflicción expresada por una mujer a la que unos jóvenes pedían consejo para su futuro puso el dedo en situaciones graves y dolorosas. En todos los países, jóvenes y adultos son acorralados por elecciones inviables: obligados por tiempos prolongados de desempleo, de inutilidad o exilo, a tomar decisiones con el fin de satisfacer las necesidades de su familia y su comunidad. La ausencia prolongada de los padres termina rompiendo los vínculos familiares. ¿En qué futuro son proyectados los hijos? ¿Hacia qué perspectivas pueden proyectarse los jóvenes privados de instrucción, de formación, de apoyo en un mundo en perpetua evolución?

Debido a su extrema pobreza, millones de hombres y mujeres se encuentran relegados en sectores sin derecho, ni respeto, desligados progresivamente de los vínculos de igualdad con el resto de la sociedad. Las sociedades se organizan dándoles poco valor, poca protección, poco reconocimiento a estas personas que contribuyen a su desarrollo económico, social, cultural y a la protección del medio ambiente.

La ausencia, e incluso la ruptura de los lazos con esos hombres y mujeres termina siendo considerada como una consecuencia normal e inevitable de la evolución de las sociedades. Obviando de nuestras vidas y nuestras ambiciones a esas millones de personas que viven en extrema pobreza, ¿No aceptamos vivir el presente y pensar el futuro sin ellas? Eso equivale a aceptar exclusiones organizadas que representan una violencia extrema.

Vivir la paz a partir de los más pobres, es buscar permanentemente la creación de vínculos los unos con los otros, respetando la dignidad y rechazando el abandono y la exclusión. Es a esta búsqueda a la que han dado su aprobación las 167.000 personas que firmaron en 152 países la Declaración de Solidaridad, herramienta de movilización de la campaña «Acabar con la pobreza extrema: un camino para alcanzar la paz» llevada a cabo en 2006-2007.

Este número de la Carta a Nuestros Amigos hace eco, rindiendo cuenta de los vínculos humanos tejidos entre personas de todos los medios y horizontes, en los pueblos más alejados así como en las grandes ciudades, alcaldías, lugares culturales, asociaciones, universidades o hasta en el seno de una instancia internacional. El 17 de octubre de 2007, como cada año desde 1987, de un continente a otro, hombres y mujeres se han unido para dar la palabra a los más pobres y proclamar juntos la urgencia de reunirse y vivir la paz a partir de ellos y con ellos.

Amplifiquemos esta corriente, incitemos a otras personas a unirse a ella. Una manera significativa para marcar su acuerdo será firmar y hacer firmar de manera permanente el mensaje grabado en la placa en homenaje a las víctimas de la miseria, que ha originado el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza: «Ahí donde hay hombres y mujeres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados. Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado. Joseph Wresinski».

HUGUETTE REDEGELD VICE PRESIDENTA

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