Pobreza extrema y derechos humanos: el aporte concreto de las familias de Tailandia

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En Bangkok las acciones y la presencia a largo plazo han creado lazos de amistad y confianza entre los miembros de las comunidades y el Movimiento Cuarto Mundo. Los voluntarios permanentes participan en los acontecimientos familiares importantes, como los nacimientos o los funerales, las ceremonias de “ordenación” [1] o acompañan a las personas cuando viajan a su pueblo natal en las provincias. Si éstos lo piden, apoyan a los padres cuando contactan con la escuela, los servicios sociales u otras ONGs y cuando visitan a alguien en el hospital o en la cárcel. Animan actividades culturales y artísticas en dos comunidades: un barrio de viviendas precarias que no tiene nombre oficial y que los voluntarios llaman “Saphan Phut” porque se sitúa cerca de un puente con el mismo nombre [2] y un grupo de familias y personas sin vivienda, que se refugian debajo del puente “Arun Amarin”, cerca de la estación de tren de Bangkok Noi [3].

En 2004, la Subcomisión para la Promoción y la Protección de los Derechos Humanos (SCDH) de las Naciones Unidas en Ginebra decidió que, para avanzar en su trabajo sobre un texto internacional contra la pobreza extrema, eran necesarios dos procesos: conocer de manera precisa la situación de las personas que viven en la pobreza extrema y dialogar directamente con ellas. Para ello han realizado consultas en varios continentes sobre el tema: “Pobreza extrema y derechos humanos”. En Tailandia se llevaron a cabo el 26 de marzo de 2005, en la Casa Cuarto Mundo y en dos barrios de Bangkok.

Seis delegados representaban las comunidades de Saphan Phut y de Bangkok Noi. También estaban presentes Yozo Yokota, experto japonés de la SCDH, Klok del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU y Jaran Ditapichai de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Tailandia. El Movimiento Cuarto Mundo llevó a cabo una serie de entrevistas a partir de los temas de los “Foros de Debate [4]”: la dificultad de vivir y de constituir una familia unida, el derecho a una vida digna (una vivienda decente, una educación de calidad para los niños, un buen trabajo) el conocimiento y la ignorancia de los derechos, el acceso o no a estos derechos. El 26 de marzo se leyeron testimonios tomados de estas entrevistas.

“Quiero que mis hijos estudien”

Noy, de Saphan Phut, cuenta: “Las condiciones de vida son mejores que si nos hubiéramos quedado en el pueblo, sin ninguna fuente de ingresos. Aquí podemos encontrar comida, incluso si es poca… No hemos podido estudiar. El mayor problema es la falta de dinero. Mi marido vende fruta y a veces la venta es buena. Si tuviera tiempo me gustaría fabricar pequeños objetos decorativos. Hemos hecho trabajillos como preparar para la venta pimientos y cabezas de ajo que vienen del mercado de fruta y verdura de Pakklon. Los que nos conocen vienen a darnos trabajo, pero en este momento no hay nada”.
Paa Kwang, de la misma comunidad, se acuerda del incendio que ha destruido el barrio de chabolas: “Las familias que habían perdido todo vivían juntas… Compartíamos lo poco que recibíamos. Pero encontrarse así, amontonados como sardinas, con el ruido, la cohabitación se hace pronto difícil. Si me preguntan si tengo ganas de irme, les respondería que sí. Pero, ¿cómo irme? No tengo ningún apoyo”.
Ploy, de Bangkok Noi, sobrevive gracias a la venta de guirnaldas de flores. Cuenta: “Mi nuera trabaja y cuando regresa por la tarde puedo ir a vender guirnaldas de flores. Da para que viva una persona sola, pero para dos no es suficiente. El sábado y el domingo puedo vender más, pero depende también de las estaciones”. Khung evoca los niños que han venido de las provincias y que viven en la comunidad: “Las dificultades les han hecho huir de sus casas, huir de sus padres y han llegado debajo del puente. Si no tenemos nada vamos a pedir al monasterio budista para que tengan algo que comer. Cuando tenemos algo de dinero compramos comida ya preparada en los puestos de la calle”.

“Todos tendrían que estar orgullosos de sí mismos”

Contestando a todas las intervenciones, Yozo Yokota ha declarado: “Me he dado cuenta que todos habéis evocado un sueño, una casa, el trabajo que os gustaría encontrar, sabéis que no es fáci, pero hacéis esfuerzos (…) Quizás no tenéis el derecho de propiedad, ni el derecho a la asistencia, pero por el hecho de ser seres humanos tenéis derecho a vivir donde vivís. Es un derecho humano. Los derechos humanos van más allá de los derechos de los cuales os veis privados. Tratamos de convencer a los representantes de los gobiernos que tienen que preocuparse de la persona antes de saber si tiene permiso para habitar donde vive, incluso si es originaria de otro país, preocuparse de los padres, (…) Algunos de ustedes han dicho que se sienten despreciados a causa de la pobreza. Esto no debería suceder. Cada persona debería poder estar orgullosa de sí misma”.

Tomado de un artículo del periódico Feuille de route- Quart Monde, N°341, junio 2005.

[1] Esta ceremonia marca el momento en que los jóvenes van a un monasterio budista por unos meses.

[2] Cuando los voluntarios han conocido este barrio en 1988, unas 200 familias vivían de manera muy precaria. La construcción de una carretera en 1992 y dos incendios entre 1997 y 2000 han hecho que muchas personas se hayan ido. Actualmente 80 familias siguen viviendo de manera ilegal en este terreno privado con la amenaza permanente de ser expulsados.

[3] Los voluntarios han conocido esta comunidad en 1996 por medio de una familia que ha dejado Saphan Phut para ir a instalarse debajo de este puente.

[4] Los “Foros de Debate”, organizados cada dos o tres meses por el Movimiento Cuarto Mundo en Tailandia en colaboración con los amigos, permiten a los adultos y a los jóvenes que conocen la pobreza reflexionar sobre su experiencia, expresarla y hacerse oír.

19 de septiembre de 2006
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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, se violan los Derechos humanos.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski