Nos gustaría que algún día, la fuerza de una comunidad se midiera por los esfuerzos y la lucha de los más débiles

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Mensaje al Señor Sr. Joseph Deiss, Presidente de la Asamblea General de la ONU

Durante la conmemoración del 17 de octubre, Día Mundial del Rechazo a la miseria, realizado en la Sede de las Naciones Unidas en New York. Una delegación de aliados de Cuarto Mundo Honduras pronunció su mensaje en nombre de las personas que viven situaciones de precariedad y que se esfuerzan a diario para salir de esa situación. El mensaje decía:

En la apertura de la 65° Periodo de Sesiones de la Asamblea General, usted citó la siguiente frase de la Constitución Suiza: “La fuerza de la comunidad se mide por el bienestar del miembro más débil”. En este encuentro, nos gustaría ponerle rostro a estas personas que son las más vulnerables en las comunidades con las que llevamos años de compromiso y de lucha conjunta.

Así, nos gustaría compartir con usted la historia de Franklin, que es un niño de 13 años, que trabaja vendiendo tortillas en la calle y que a su edad ya ha tenido que aprender a decir no a la droga que le ofrecen constantemente. También nos gustaría compartir la historia de doña Guadalupe, que vive con sus seis hijos en tierra de nadie, en un lugar aislado, no reconocido como habitable y que no aparece en los mapas. O la historia de doña Siomara, madre trabajadora que saca adelante a sus hijos y a sus nietos vendiendo tortillas en la calle.

No tenemos hoy todo el tiempo que nos gustaría para hablarle más de estas personas, pero no queremos dejar esta sala sin hablar del esfuerzo diario que hacen las personas que viven en la pobreza para salir adelante y contribuir al desarrollo de su comunidad.

Por ello, nos gustaría que algún día, la fuerza de una comunidad se midiera por los esfuerzos y la lucha de los más débiles, nos gustaría que toda esta lucha fuera conocida y reconocida.

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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

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