Los reveses de la ayuda de emergencia en Haití.

imprimer envoyer a un ami
Partager, Share, Compartir

Mayo 2011

Ciertamente, Haití necesitaba una ayuda de emergencia luego del terrible terremoto que lo azotó en enero de 2010. Pero retrocediendo más de un año, se debe comenzar a evaluar rigurosamente el impacto de esta ayuda de emergencia sobre el país, y muy especialmente sus efectos nocivos.

Se pueden constatar enormes transformaciones desde el terremoto. Si bien todavía hay poco trabajo de reconstrucción, se puede constatar los considerables esfuerzos desplegados por la gente, tanto para enterrar a los fallecidos como para deshacerse de los escombros. No obstante, otros cambios son inquietantes.

  • La ayuda humanitaria ha inundado el país con productos importados y Haití se encuentra ahora invadido de embalajes de plástico que el país no tiene los medios para reciclar o destruir. Después de un año de ayuda internacional, Haití se encuentra ahora más que antes contaminado e invadido por aguas residuales.
  • A causa del flujo de ayuda internacional, es difícil para el gobierno haitiano contratar personal; de hecho, los haitianos que tienen un buen bagaje escolar perciben los más altos salarios si trabajan para una ONG, y hay muchas que tienen programas diversos y a veces conflictivos.
  • Numerosos contratos de financiamiento obligan a las ONG a gastar sus fondos de emergencia muy rápidamente, lo que no les deja el tiempo necesario para una consulta local.

Desde el principio, la comunidad internacional no ha sabido comprender los efectos nocivos de una planificación de arriba hacia abajo. En los días y semanas después del terremoto, el gobierno haitiano pensaba que el hábitat de emergencia debería permitir a las vecindades permanecer agrupados, lo que habría favorecido el apoyo mutuo. Pero se les dijo que las carpas estarían dispuestas en hileras para ocupar el espacio de la manera más eficaz, dado que las personas fueron albergadas allí por orden de llegada. En consecuencia, en esos campamentos, los lazos comunitarios fueron destruidos, lo que reforzó un sentimiento de caos y de desarraigo.
Esta misma incomprensión aparece en la lucha contra el cólera. Un aliado de ATD Cuarto Mundo, es miembro de la comisión nacional haitiana para la coordinación de la ayuda de emergencia. Él y los otros miembros de esta comisión propusieron un enfoque a partir de la comunidad local, que difundiría, de un barrio a otro, las informaciones relativas a la salud y los cuidados básicos. Lamentablemente, los proveedores de los fondos rechazaron este enfoque, porque ellos prefieren campañas más espectaculares. La campaña pública que ellos financiaron pronto concluirá, pues el cólera ya no es parte de la actualidad. Pero la enfermedad persiste y, para continuar combatiéndola en el tiempo, es necesario contar con un sistema de prevención establecido en los barrios.
Un tercer ejemplo de esta incomprensión es que hay ONG que utilizan fondos donados y destinados a ayuda de urgencia para contratar una mano de obra local, sustrayéndola de un trabajo de larga duración. Por ejemplo, matronas formadas por la Clínica St Michel—socia de ATD Cuarto Mundo desde hace años y ubicada en un barrio de bajos ingresos donde se encuentran pocos servicios—se han dejado tentar por un cargo de ayuda de emergencia en una ONG que ofrecía salarios más significativos. La estructura de salud de esta ONG es tal que las mamás más pobres no acuden a ella y, en consecuencia, los cuidados de día al alcance de la gente han disminuido. Un donante europeo de la clínica quiere ahora financiar sobre todo los cuidados de emergencia, incluso si los cuidados a largo plazo ofrecidos por la clínica han estado siempre en el contexto de las urgencias reiteradas. El donante envió a una persona a Haití para controlar de más cerca el programa—sin consultar siquiera una vez al médico responsable de la clínica o a su equipo médico sobre las prioridades que ellos ven cada día o sobre su análisis de la situación.

Este enfoque de la comunidad internacional, dictado de arriba hacia abajo, se agrava aún más por el cambio constante de personal extranjero. La mayoría no permanece más de tres meses y entonces, no tienen el tiempo de conocer la lengua, la cultura, la gente—ni el tiempo de darse cuenta que el hecho de hacer distribuciones demasiado rápido y al azar puede ser factor de violencia y reforzar a las bandas de malhechores. La violencia nuevamente se ha incrementado en el sector donde viven los miembros de ATD Cuarto Mundo. Esto quiere decir que incluso aunque los padres hace considerables esfuerzos para enviar a los niños a la escuela, ellos a menudo se preguntan ¿Acaso regresarán a la casa sin peligro? ¿Cómo podremos alcanzarlos para advertirles de una situación peligrosa? ¿y si ellos deben cambiar el trayecto, encontrarán a alguien que los acoja para pasar la noche? ”

Las Naciones Unidas y la comunidad internacional continúan considerando los barrios de Grand-Ravine y Haut Martissant como “zona roja”, zona peligrosa, por ende, barrios a los cuales la mayoría de su personal no tiene acceso. Si bien nada impide a las ONG estar presente en esos barrios, numerosas ONG han decidido seguir las mismas directivas, lo que deja esta zona todavía más abandonada que antes. El hecho de desertar de estos barrios incrementa el sufrimiento de las familias que viven allí

En Haití, algunos miembros de la comunidad internacional afirman que ellos desean que los haitianos sean responsables del destino de su país, pero critican con desprecio el gobierno haitiano. Lo que hace decir a uno de los aliados haitianos de ATD Cuarto Mundo, dirigiéndose a miembros de esta comunidad internacional: “Somos los primeros en saber lo que se dice de nuestro país, pero ¿dónde está vuestra humildad frente a los errores cometidos por la comunidad internacional? ”

photo

Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

logo facebook