¡Los jóvenes confían!

En la República Centroafricana los jóvenes se reúnen en sus barrios por los niños de su comunidad.
Vienen de diferentes barrios de Bangui o de los pueblos de los alrededores. Hace ya más de un año se unieron para combatir la sed de aprender de los niños de sus barrios y para crear amistad entre ellos.
Uno sigue desde hace algunos meses un grupo Tapori: “En mi barrio, reunimos a los niños de diferentes etnias, religiones y medios. Hay padres que se meten conmigo, me reprochan que pervierto a sus hijos. Yo les respondo que mi intención es la contraria, llevar a los niños por el buen camino. Ahora los propios padres se dan cuenta. Ven que sus hijos se están uniendo y dicen que ellos también pueden unirse ».

Otro cuenta cómo acogió en su casa hasta siete niños que se encontró por la calle. Les recogió como sus hermanos menores, aconsejándoles y permitiéndoles aprender una profesión. “Ahora uno de ellos tiene una tienda. Cada vez que me ve pasar me saluda. No me dice nada más. Me llama. Es su forma de darme las gracias”. Este joven añade que, tras trabajar en la animación de la biblioteca de la calle, "las tonterías no faltan. La gente me ve con los blancos y piensan que gano dinero. Pero nosotros intentamos evitar este obstáculo”.
Otro joven del grupo explica cómo empezó la iniciación escolar junto a los niños que viven en la Isla de Bongo Soa, en el río. “Forma parte de la capital, pero es un lugar abandonado: no tiene escuela, ni hospital… nada”. Tuvo la oportunidad de encontrar un trabajo en una escuela de Bangui. Pero lo rechazó para poder continuar lo que había empezado con los niños que están privados de todo.
Tras un encuentro, una de las jóvenes agradecía al Movimiento ATD Cuarto Mundo diciendo: “no es un Movimiento lo que divide. El Movimiento intenta reunir todo el mundo, rico o pobre. Si tu eres delgado o gordo, grande o pequeño, el Movimiento te acepta".
En un momento en el que el Movimiento ATD Cuarto Mundo ha elegido como una de sus cinco ambiciones sostener el compromiso de los jóvenes, los de Bangui abren un camino entusiasta. “Me he tomado este compromiso como una responsabilidad. Incluso si encuentro dificultades, soy yo quien se ha comprometido”.
La responsabilidad del Movimiento es apoyar a estos jóvenes se arraiga en lo que les han transmitido sus antepasados: “el movimiento me ha ayudado a ayudar al país”, le decía uno de ellos. Porque “los voluntarios fijos me han hecho entender la importancia de compartir mis conocimientos con aquellos que tienen menos”. Y el compartir, esta transmisión de un saber, contribuye a llevar a los niños por el buen camino. Es su forma de ayudar al país. Un país que tiene sed de conocimientos. “Nuestro país es rico en recursos naturales, pero es pobre, porque no hay trabajo en el país y los jóvenes sufren”.
Convertirse en un servidor de su comunidad es un largo proceso. Pero los jóvenes de Bangui y alrededores son fuertes.





