Haití no es un pueblo maldito:

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No se puede acusar a Haití y a los pobres en nombre de una religión.

5 de marzo de 2010

La oración ha sido y continúa siendo una fuente de coraje y de fuerza para los habitantes de Haití, como lo es también para muchas otras personas en el mundo. Al mismo tiempo, el equipo de ATD Cuarto Mundo en Puerto Príncipe remarca que las oraciones y los cantos que escuchan regularmente por los altavoces a veces se mezclan con mensajes de condena religiosa y de pecado. En Estados Unidos, apenas algunos días después del terremoto, el evangelista Pat Robertson puso en cuestión la responsabilidad del pueblo haitiano en la catástrofe, diciendo que había hecho un pacto con el diablo para expulsar a los dirigentes coloniales franceses…

El grupo de baptistas de los Estados Unidos que ha sido detenido mientras intentaban organizar la adopción ilegal de 33 niños haitianos ha declarado: “Dios puso en nuestros corazones esta necesidad”, mientras que un pastor que les apoya afirmaba que aquellos que les acusan “hacen el juego de Satán”.

El Movimiento Cuarto Mundo se une con todos aquellos que rechazan las acusaciones de este tipo que se hacen a un pueblo. Max Beauvoir, químico responsable de la Federación nacional de sacerdotes vudús en Haití declaró en referencia a los baptistas de los Estados Unidos: “ellos han intentado comprar almas. Muchos vienen con ideas religiosas más antiguas que los tiempos de la Inquisición. Este tipo de personas se cree en la necesidad de salvar nuestras almas y nuestros cuerpos aún a pesar de nosotros. Actualmente necesitamos compasión, no proselitismo. Necesitamos ayuda, y no solamente la ayuda para aquellos que tienen la fe cristiana”.

Un poco de luz en esta tenebrosa confusión

Es importante recordar que, en todo el mundo, personas de diferentes religiones, incluyendo evangelistas, comprometen su suerte para estar muy cerca de aquellos que viven en la miseria y apoyarles. Esto ocurrió durante el encuentro ecuménico del 12 febrero en el Champs de Mars de Puerto Príncipe, donde un pastor mostró un gran sentido de lo humano pidiendo a cada asistente que rezara por su vecino, que se miraran a los ojos, que se preguntaran el nombre unos a otros, que se dieran un abrazo e intercambiaron sus direcciones. Según él, esta era una manera de vivir la unidad que tanto necesita Haití para reconstruirse sin dejar de lado a ninguna persona.

Este gesto lleno de sensibilidad por parte de un líder religioso es un ejemplo de aquello que une a todos los seres humanos, sean cuales sean las diferentes culturas que marcan a cada uno en la gran diversidad de prácticas religiosas y espirituales que desembocan en maneras de hacer diferentes: hacerse presente con las personas enfermas, marcar las grandes etapas de la vida, hacer comunidad conjuntamente, apreciar la belleza del mundo… ¡Nos une tanta sabiduría en nuestra humanidad común!

Pero también sabemos que las religiones continúan siendo fuentes de conflicto en el mundo hoy en día. En estos conflictos las personas que viven en la miseria son extremadamente vulnerables. Aquellos que se sienten llamados a difundir su religión o su ideología política pueden estar tentados de explotar la fragilidad y la extrema pobreza, bien para hacer de aquellos que la sufren chivos expiatorios, bien para manipularles en provecho de una religión o de una ideología. Los países con más dificultades, así como los barrios más pobres o las cárceles de los países más desarrollados son espacios particularmente propicios para tales maniobras.

Reafirmémonos comprometidos con todos los haitianos y en nombre de todos los seres humanos.

Hoy en día el Movimiento Cuatro Mundo se encuentra en búsqueda de una manera creativa de construir un diálogo profundo sobre las religiones, la vida pública y la extrema pobreza. Este diálogo deberá asociar a personas que viven en la miseria con otras de todos los medios sociales, de diferentes religiones y también a personas que no creen en ninguna religión. La urgencia de este diálogo se subraya por los altavoces de Haití y los comentarios dañinos que difunden, haciendo sufrir a tantos haitianos y especialmente a aquellos que se apoyan en su fe para hacer frente y dar sentido a su existencia.

El Movimiento Cuarto Mundo quiere permanecer al lado de aquellos que son excluidos, que son culpabilizados sin razón por diferentes enfoques religiosos o morales, sea por el tema de sobrepoblación, de la ecología, del desarrollo o de programas de ayuda de todo tipo. En este sentido renovamos nuestra convicción y nuestro compromiso afirmando que el pueblo haitiano no es un pueblo maldito y que no hay que acusarle en nombre de la religión. Haití necesita poder contar con todos, cualesquiera que sean las creencias y prácticas de cada uno.

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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

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