Haití mañana. Cuestiones para parir un tiempo nuevo.

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Un artículo de Jaime Muñoz Perez, inspirado de un texto de Eugen Brand
El llanto rasga el silencio de todos en la noche cansada de Puerto Príncipe. Todo el país vive este luto obligado de la noche y de la muerte. Esta sacudida terrible, este terremoto, ha obligado al país por completo a una búsqueda de esperanza, de futuro, de mañana. Y los días siguientes han llegado y es como si todos estuvieran perdidos, sin brújula. Instituciones y edificios en escombros, ministros muertos, la misión de naciones unidas devastada, miles de mujeres, niños, hombres, enterrados. Y, sin embargo, hay que ocuparse de la vida. Incluso arañar con las manos los restos rotos. Apartar los animales de los cadáveres suavemente envueltos en blancas telas, en un rincón de nuestra angustia. ¿Dónde, cómo, qué hacer? En esta búsqueda común de respuestas. En la desnudez inválida de un dolor excesivo, el pueblo de Haití ha encontrado una fe y una solidaridad nuevas. La construcción del futuro es, desde ahora, un bien común necesario. Para acercarse humanamente a todo el dolor de Haití, de los haitianos. Las imágenes, las informaciones y las palabras no son suficientes… Haití nos invita a nacer a un silencio compañero, activo, doliente y respetuoso. Sin este silencio de compasión todo gesto se convierte en asistencia obligada, en ayuda no recíproca. Los haitianos quieren un país nuevo. Los que tienen experiencia directa de la exclusión y división social piden un país nuevo, sin miseria, para cada uno, para todos. Un futuro sin división social que solicite y movilice la inventiva y la creación de cada haitiano por un país de solidaridad nueva. Haití nos invita a reconstruir una humanidad nueva, que no existe, la suya, la nuestra.
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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

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