En Polonia, Bibliotecas de Calle

Los libros son mágicos. Todos los niños deberían disfrutar de esa magia.
El proyecto de crear Bibliotecas de Calle en Polonia nació en otoño de 2007. Hemos empleado tiempo y energía a inicios de 2008 para localizar aquellas áreas dónde funcionarían las bibliotecas de calle, formar equipos con ganas de animar sesiones y organizar capacitación para aquellas personas con ganas de participar del proyecto. Las bibliotecas de calle tuvieron su verdadero origen en abril de 2008 en dos pueblos pequeños, un pueblo grande en el centro del país y en la ciudad capital. En octubre de 2008, los animadores de las bibliotecas de calle se reunieron en el Lycée Français en Varsovia para evaluar los primeros meses del proyecto.
“Comenzaríamos la semana con una biblioteca de calle en un centro para refugiados de Chechenia en las afueras del pueblo al noroeste,” explica Albane, quién ha dedicado su tiempo trabajando con el equipo ATD Cuarto Mundo en Varsovia en abril y mayo de 2008. Alrededor de 350 familias están alojadas juntas en departamentos, esperando que les den los papeles que necesitan para poder quedarse en el país o ser enviadas a sus lugares de origen. No todos los niños concurren a la escuela. Por eso, la biblioteca de calle funciona entre las 12:30 y las 2:00; para poder enfocarnos en quienes no concurren a la escuela primero; y luego integrar a quienes regresan de la escuela a la 1:15”.
Aunque la mayoría no habla polaco, la biblioteca de calle ofrece libros en polaco para que los niños tengan acceso al idioma del país. Siguiendo el aporte de los padres, también hay libros disponibles en inglés y en francés. Según Albane, la realidad es menos complicada de lo que parece. “Es simplemente encontrar nuevas formas de comunicarse”. Todos los niños, sin importar sus edades, tienen curiosidad por el mundo que los rodea y no se los ve tan perturbados por las barreras del idioma como usted se los imaginaría… Cuando estamos llegando un lunes por la tarde, se puede escuchar a los niños gritar “Kziaski” o “los libros”…”
Hay dos bibliotecas de calle que funcionan en el barrio de Praga: en un remoto y aislado complejo de viviendas todos los jueves y en el patio de viejos edificios todos los sábados. Ubicada al oeste de Varsovia, Praga yace a orillas del Vístula, río que atraviesa el centro de la capital. Muy afectado por la pobreza, el barrio se encuentra al lado del mercado al aire libre más grande de Europa el cual ahora, poco a poco, está cerrando sus puertas para ceder su espacio a un nuevo estadio dado que Polonia se está preparando para ser co-anfitrión de los Campeonatos Europeos de 2012.
Markus, de Suiza, es parte del equipo que anima la biblioteca de calle los días jueves. “Generalmente somos entre cinco y ocho miembros del equipo de animación. Nos reunimos en la oficina ATD Cuarto Mundo para seleccionar los libros que vamos a utilizar y luego nos dirigimos juntos hacia la calle Dudziarska. Tenemos que caminar sobre vías de trenes para llegar a este lugar, lo cual demuestra a uno qué alejadas y aisladas estas familias se deben sentir viviendo en esta especie de tierra de nadie. Un pequeño grupo de niños estará esperando nuestra llegada para abrir las maletas llenas de libros. Las niñas son las que más se interesan en participar; los niños no están tan interesados en los libros pero aparentemente hemos ganado su confianza jugando al fútbol con ellos en su cancha improvisada. Los padres solían mantenerse distantes también, pero ahora ellos se acercan y nos ofrecen su apoyo e ideas”.
Con el lanzamiento del proyecto biblioteca de calle, otras personas, comunidades y organizaciones se han contactado con el equipo ATD Cuarto Mundo con sus propias historias. Una madre del oeste de Polonia escribió: “vivo en un pueblo de aproximadamente 100 habitantes. Varias familias fueron reasentadas en el edificio en el que vivo, antigua escuela de la era prusiana, porque no habían pagado sus rentas. Muchos de los niños no leen libros en sus casas y los padres simplemente no tienen medios para llevarlos a la biblioteca… Mi hija y yo tenemos muchos libros, especialmente ella. Nos encantan. Por lo tanto, durante las vacaciones, reuní a todos los niños en el jardín o en el patio y les leía. Les gustó tanto que espero repetir la experiencia nuevamente este año. Los libros son mágicos. Todos los niños deberían disfrutar de esa magia.”





