En Bangkok, encontrar una comunidad a través de una Biblioteca de Calle

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En 1996, voluntarios del Movimiento Cuarto Mundo comenzaron a visitar a un grupo de personas que vivían en unas condiciones precarias debajo o en los alrededores del puente Arun Amarin, cerca de la estación de ferrocarril de Thonburi.

Dichos voluntarios acudieron primero a esta comunidad, a la que se conoce como “Bangkok Noi”, persiguiendo un encuentro casual con un niño que solía vivir en otro lugar llamado Saphan Phut y cuya familia había encontrado refugio debajo del puente. Fue esta familia la que animó al equipo a visitar la comunidad regularmente y promover actividades con los niños .

La comunidad está compuesta por familias, adultos, jóvenes y niños, algunos de los cuales viven al aire libre debajo del puente o bien encuentran refugio en los jardines que rodean el templo, mientas que otros alquilan habitaciones en las proximidades. Un canal provee agua para bañarse, hacer la colada o lavar los platos. La gente desempeña un sinfín de trabajos para poder sacar a sus familias adelante. El templo supone una fuente de ingresos para mucha gente: algunos ganan dinero limpiando, otros elaboran y venden coronas de flores. Hay gente que vende tortugas, pájaros y pescado, los turistas los compran y los ponen en libertad haciendo de ello todo un mérito; otros recogen botellas de plástico y cartón para reciclar, cortan y venden láminas de plástico en los parques y en las exposiciones del templo para que la gente pueda sentarse.

En los últimos años la gente ha tenido el constante temor de ser desahuciados, ya que las autoridades han renovado la zona para dedicarla al turismo. La extrema pobreza está presente, aún así es siempre es difícil saber quiénes son los más pobres de entre los pobres porque la población varía constantemente: muchos se quedan durante un largo periodo, otros se quedan sólo unos meses o incluso un par de semanas o meses, mientras que otros solo vienen una vez. A pesar de esta fluctuación y la pobreza extrema, es un lugar que alberga un fuerte sentido de comunidad y en el que a menudo presenciamos gestos de solidaridad.

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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

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