El Voluntariado Permanente del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo. Confiar en la humanidad

En los cinco continentes, existen hombres, mujeres y niños condenados a vivir en la miseria; personas que se ven obligadas a luchar sin cesar por la supervivencia de sus familias y comunidades, privadas de la posibilidad de realizar su potencial individual, y vistas como incapaces de ser útiles a la sociedad, personas profundamente marcadas por la humillación de ser consideradas culpables de unas condiciones de exclusión intolerables.
El voluntariado permanente nace de la convicción de Joseph Wresinski -fundador del Movimiento Internacional ATD Cuarto Mundo- de que la humanidad tiene la obligación ética de erradicar la miseria, unida a la creencia sincera de que los seres humanos son portadores de la valentía y los recursos para lograrlo.
Joseph Wresinski afirma en que la miseria sólo puede ser erradicada si logramos encontrar y trabajar con los que han sido más dañados por la pobreza. Esta ambición - compartida por todos aquellos que se comprometen en el seno del Movimiento Cuarto Mundo - se sitúa en el corazón del compromiso de los voluntarios permanentes y les empuja a buscar, apoyar y aprender de otros – individuos o grupos - que compartiendo los mismos ideales se encuentran aislados o solos.
Medio siglo después de la creación del voluntariado permanente en un barrio de chabolas en Francia, existen voluntarios en los cinco continentes. A través de su presencia en las comunidades y lugares donde los miembros más marginados de nuestras sociedades se ven obligados a buscar refugio, los voluntarios permanentes tejen relaciones duraderas que se basan en la confianza mutua y el respeto. Dichas relaciones son una fuente de transformación mutua que impulsa reflexiones nuevas y proyectos en común. La identidad del voluntariado permanente se construye sobre esta voluntad de reconocer, comprender y dejarse transformar por la vida de millones de seres humanos que no tienen otra elección más que la de tratar de resistir a las peores consecuencias de la pobreza.
Ser testigos de la valentía y las esperanzas de aquellos que sufren formas extremas de discriminación, empuja al voluntariado permanente a favorecer el encuentro entre los más pobres, las instituciones y otros ciudadanos; les inspira a la creación de innovadores proyectos y colaboraciones para hacer avanzar la lucha contra la miseria; así como al convencimiento de que los mayores desafíos a los que se enfrenta el mundo de hoy -tales como la construcción de la paz, el desarrollo sostenible o la defensa de los Derechos Humanos - no pueden ser abordados sin un cambio radical en la relación entre la sociedad y sus miembros más empobrecidos, un cambio fundado en el reconocimiento de sus experiencias y conocimiento y lo indispensable de su contribución.
El voluntariado permanente forma una comunidad de personas que congrega una gran diversidad de culturas, países de origen, medios sociales, experiencias de vida y creencias. Todos eligen ofrecer su entusiasmo, sus talentos y saber-hacer desde la profunda convicción de que la unión de tales capacidades puede contribuir a un mundo más justo; un mundo en el que la dignidad de cada individuo es reconocida y defendida, y en el que el coste del progreso no recaerá sobre los más vulnerables.
Esta diversidad de experiencias de vida, puntos de vista y sensibilidades es una incalculable fuente de creatividad e imaginación, que constituye también un desafío que garantiza la atención a la calidad de las relaciones humanas. Reconocer el valor de esta diversidad ayuda al voluntariado permanente a construir su visión del mundo no sólo a partir de la comprensión de la coyuntura internacional si no también a partir de la compresión del ser humano.
Unirse al voluntariado permanente es una oportunidad de inventar con otros un estilo de vida que desafía las desigualdades, las ideas tradicionales de organización jerárquica y una sociedad basada en el consumo excesivo.
A través de una ética de igualdad, interdependencia y co-responsabilidad, y la voluntad de compartir los recursos financieros y materiales, el voluntariado se da como objetivo garantizar el apoyo a todos sus miembros. Los voluntarios permanentes reciben una remuneración económica modesta que es la misma para todos, es independiente de la veteranía o las responsabilidades que se le han confiado y está vinculada al coste de la vida en el país en el que están ubicados y a sus cargas familiares; asimismo se benefician de cobertura médica y un fondo de solidaridad que responde a situaciones de emergencia y otras necesidades.
Eligiendo el voluntariado permanente, sus miembros optan por ponerse a disposición en la medida de lo posible de las necesidades geográficas y logísticas del Movimiento Internacional. Junto a los otros miembros del movimiento- entre ellos personas con experiencia propia de la pobreza- los voluntarios permanentes se organizan en pequeños equipos de trabajo y apoyo mutuo, en los que las responsabilidades, los fracasos y los éxitos se comparten.
El voluntariado permanente reúne a personas de todas las edades, solteras o en pareja, con hijos o sin ellos que buscan un compromiso en la lucha contra la miseria a largo plazo, para algunos durante toda una vida. De manera regular, los voluntarios se dotan de los recursos necesarios para poder reflexionar sobre sus experiencias tanto de forma individual como colectiva, y así poder cuestionar y renovar su compromiso en el seno del voluntariado.
La proximidad con los resisten la miseria y la necesidad de contar los unos con los otros provoca la creación de fuertes lazos personales entre los voluntarios permanentes, una solidaridad que constituye un verdadero apoyo para que cada uno -desde su desarrollo personal y espiritual- pueda ofrecer lo mejor de sí mismo para la construcción de un mundo liberado de la miseria.
Asamblea General del Voluntariado Permanente 2009





