¡Contra la miseria, abolir el olvido!

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Con motivo del Día Mundial de la Familia, miembros de ATD Cuarto Mundo en Senegal re reunieron en la Isla de Gorée Para algunos se trata de una oportunidad de descubrir un rincón fabuloso de la humanidad, memoria de la esclavitud y del combate por su abolición. He aquí el mensaje expresado al término de dicha jornada memorable.

« Millones y millones de hombres, mujeres y niños dicen hoy no a la miseria y a la vergüenza, porque muchos hombres de ayer, esclavos de los poderosos, irguieron sus corazones para reclamar que ellos eran hombres. Y muchos murieron, a lo largo de tres siglos, para que nadie lo olvide.» Texto escrito por Joseph Wresinski en el libro de oro de la Casa de los esclavos, Isla de Gorée, noviembre 1987

Estamos aquí, en este lugar, memoria de la humanidad, en esta Casa de los Esclavos, porque nosotros, ante la dura vida que supone la miseria, tampoco queremos olvidar.

Esta casa representa el trabajo y el compromiso de muchas personas, como Joseph Boubacar Ndiaye, comisario durante 40 añosde la Casa de los Esclavos, que han hecho todo lo posible para que hoy no haya personas que lo olviden. Que no olviden el sufrimiento y la valentía de estos hombres y su combate contra la injusticia.

Igual que en el pasado lo hizo la esclavitud, a día de hoy la miseria mata y destruye la vida de familias por todas partes en el mundo. Somos testigos en nuestros barrios e incluso algunos de nosotros en nuestras vidas. Luchamos con todas nuestras fuerzas para salir de ello y encontrar soluciones a tanta desgracia.

En nombre de todo ello querríamos, juntos, hacer un esfuerzo para no olvidar la valentía que mantiene en pie a tantos hermanos y hermanas que viven en la miseria.

No queremos olvidar el combate de ese vecino que deja su casa temprano cada mañana para buscar trabajo. Sale por la puerta a menudo con el estómago vacío y la angustia de saber que, un día más, no podrá dejar dinero suficiente para su familia. Sale sin tener ni siquiera con qué pagar el transporte. Pero no ceja en su empeño, y emprende la marcha.

No queremos olvidar a ese niño, a nuestros hijos que, otro año más, han empezado la escuela con retraso. O peor todavía, que no han podido acudir a la escuela por falta de medios. Esos niños que hacen los deberes a la luz de una vela o que se levantan temprano por la mañana para repasar al alba la lección. Es la valentía cotidiana de nuestros hijos que junto a sus padres se niegan a verse condenados a la ignorancia.

No queremos olvidar a esa madre, a las familias que han abandonado la aldea en busca de una vida mejor. A las familias que viven en casas inundadas, en casas prestadas, en barracas, o bajo viejas chapas de uralita. Personas muy cansadas, siempre errantes, pero que no pierden la esperanza de llegar a tener, para los suyos, un lugar al que puedan llamar « mi casa ».

Finalmente, no queremos olvidar a todos esos hombres y mujeres que llegan a agotarse, que envejecen antes de tiempo, encorvados por culpa de trabajos demasiado duros y preocupaciones demasiado pesadas y enfrentadas en soledad. Lavan, sacan agua de los pozos, tiran de los carros, se recuperan, se parten la vida intentando escapar de la desgracia de la extrema pobreza.

No olvidemos la dignidad, nuestra dignidad. No olvidemos la valentía, nuestra valentía. No olvidemos tampoco la fraternidad, nuestra fraternidad.

Ayer, hubo personas que no quisieron obviar la injusticia que suponía la esclavitud, y consiguieron abolirla, prácticamente.

Hoy afirmamos que, de igual manera, podemos erradicar y destruir la miseria porque no hemos olvidado lo dignos que somos. Y como todo hombre, como toda mujer, tenemos derecho a una vida digna.

No olvidamos nuestro combate de cada día.

Coordinación Senegal Lamine Sarr, Ndèye Coumba Ndiaye, Jaime Muñoz

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Allí donde hay hombres condenados a vivir en la miseria, los derechos humanos son violados.
Unirse para hacerlos respetar es un deber sagrado.

Joseph Wresinski

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