Cómo la miseria separa a hijos y padres
“En Guatemala, una madre de familia que ha perdido ya a dos de sus hijos como consecuencia de la violencia de la calle debe ir a trabajar lejos de su casa toda la jornada para que sus hijos puedan simplemente comer mientras que lo que realmente desearía sería poder quedarse con ellos para poder protegerles de los peligros de la ciudad.”
Este testimonio se inscribe en el estudio “Cómo la miseria separa a hijos y padres”, elaborado a partir de la situación de 6 paises (Haití, Guatemala, Filipinas, Gran Bretaña, Burkina Faso y Estados Unidos) con el apoyo de la ONU.
Disponible en inglés, ha sido coordinado por Diana Skelton, voluntaria permanente en Nueva York, con la colaboración de diferentes equipos sobre el terreno. En su combate por preservar su unidad, los padres son frecuentemente obligados a hacer elecciones entre cosas que, sin embargo, son totalmente indispensables para construir el futuro de sus hijos.
Es injusto que en Haití los padres se sientan obligados a dejar a su hijo a otras personas porque piensan que ellos no pueden ofrecerles lo que sueñan para él.
Es injusto que en Estados Unidos, como consecuencia de una expulsión, un padre de familia sea obligado a vivir en un nuevo barrio mientras que lo que desearía es que sus hijos pudieran terminar su año escolar donde lo han comenzado, en un colegio donde se sentían acogidos y podían realmente aprender.
Nadie en el mundo debería verse obligado a elegir entre la salud y la seguridad de sus hijos, entre el hecho de encontrar un alojamiento y la escolarización de estos, entre el futuro de sus pequeños y el simple derecho de vivir en familia. Nadie debería verse obligado a elegir por causa de la extrema pobreza entre derechos que en realidad deberían ser garantizados para cada uno de nosotros.
En un avance del estudio, Kul C. Gautman, Director general adjunto de UNICEF, afirma: “En ciertos países, el estudio indica etapas que pueden contribuir a remediar la crisis de rupturas familiares dando a los padres y a los hijos las herramientas que necesitan para permanecer juntos.(…) Los más pobres no son los sin voz, pero raramente se les escucha. Colaborar realmente con ellos es aplicar de verdad el concepto de dignidad que está en el centro de los derechos humanos y que sostiene la Convención de los derechos del niño.”
Finalmente, en el prólogo del estudio, Nitin Desai, Secretario general adjunto de Naciones Unidas, hace esta pregunta: “El viaje que nos propone este documento, viaje a diferentes regiones del mundo, viaje en la vida de personas muy pobres de estas distintas regiones, nos coloca delante de una cuestión: si esta voluntad de los padres y de los hijos muy pobres es tan fuerte ¿qué ocurrirá si nos atrevemos a colocar esta aspiración en el centro de nuestras políticas de lucha contra la pobreza? ¿Es que tomar realmente en cuenta esta aspiración no permitiría crear relaciones entre las numerosas políticas internacionales, locales o nacionales que nos cuesta a veces tanto armonizar? ¿Es que construir sobre la aspiración de lo padres y de los hijos a vivir juntos no nos permitiría poner fin de una vez por todas a la extrema pobreza?”.




